miércoles, 22 de diciembre de 2010

Dolly

La oveja Dolly desplegaba un vertiginoso repertorio de pasos de baile al ritmo del hit Pa panamericano.
 Cerraba sus ojos. Revoleaba su cabeza. Movía sus cuatro patitas a un compás que, si todavía estaría entre nosotros, sería la envidia de una alucinante fusión: Michael Elvis Jakson Presley. La pegadiza canción sonaba infinita. Dolly continuaba su repertorio, intacta de vigor y espíritu. “Comme te po”, reiniciaba, una vez más,  el perseverante sonido. De repente la oveja Dolly aminoró.  La música cesó.  Dolly, incrédula, miraba por fuera de su burbuja. Caminó en puntas de pie,  traspaso el umbral de ensueño y se asomó hacía el lúgubre cuarto. Confirmó la novedad. Teodulo, de eterno insomnio, logró dormirse. La oveja Dolly bailaba por un sueño. Ganó una vez más.